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sábado, 13 de julio de 2013

Ilusiones Estadounidenses en Siria




Yusuf Fernandez



Según señala el Washington Post, el presidente de EEUU, Barack Obama, posee una estrategia difusa en Siria. Él ha decidido armar a los opositores a Assad, pero afirma buscar, al mismo tiempo, una solución política.

El periódico señala que Obama quiere reforzar a la que considera la “oposición armada moderada”, que está liderada por el general Salim Idriss, líder del así llamado Ejército Sirio Libre, y desea convertirla en “lo suficientemente fuerte” como para negociar con el campo contrario durante el período de transición política, que podría abrirse tras la Conferencia de Ginebra-2.

El segundo objetivo de Obama es el de hacer frente a Hezbolá y otros grupos pro-iraníes activos en Siria. El tercer objetivo de esta estrategia, según el Washington Post, es cortar la ayuda militar y financiera a los grupos armados vinculados a Al Qaida, que están considerados “extremistas o peligrosos”.


Para la Administración estadounidense, el dominio que estos sectores extremistas ejercen sobre el conjunto de la oposición armada siria es un fenómeno indeseable y preocupante, porque ellos ponen en peligro también a algunos gobiernos pro-estadounidenses en la región, especialmente el jordano, que se halla en la cuerda floja. Es por ello que Obama busca promocionar a Idriss, a pesar de que, como jefe militar, sus éxitos han sido prácticamente nulos.

El mundo rechaza supuestas “pruebas” sobre las armas químicas


El primer problema para EEUU, sin embargo, es que, según el Washington Post, el pretexto utilizado por Obama para armar a la oposición, el de la utilización por parte del gobierno de Damasco de armas químicas, no convence a nadie, puesto que todo el mundo conoce la realidad gracias en gran medida a los medios de comunicación alternativos e Internet. “Responsables políticos y diplomáticos occidentales también reconocen que la falta de transparencia socava la credibilidad de las afirmaciones sobre las armas químicas,” señala el diario.

El propio Washington Post publicó hace unos días un artículo de dos expertos, Colum Lynch and Joby Warrick, que afirmaban que “no hay forma alguna de probar la autenticidad” de las muestras presentadas por el gobierno estadounidense a los países del Consejo de Seguridad como “pruebas”. El artículo añade que las propias declaraciones de Obama sobre el establecimiento de “una línea roja con respecto a las armas químicas en Siria era un poderoso incentivo para que la oposición fabricara tales evidencias”.


“Si eres la oposición y escuchas que la Casa Blanca ha trazado una línea roja sobre el uso de agentes nerviosos, entonces tienes interés en dar la impresión de que algunas armas químicas han sido utilizadas,” dijo Rolf Ekeus, un científico sueco que encabezó el equipo de inspecciones armas de la ONU en Iraq en los años noventa, al Post.

Jean Pascal Zanders, que hasta recientemente era investigador en el Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea, dijo que él había buscado en Internet fotos, videos e informes sobre las “pruebas” de los supuestos ataques químicos del gobierno de Siria y lo que vio le había “convertido en un escéptico”.

Conflicto sectario


Desde la victoria del Ejército sirio y Hezbolá en Al Qussair, la Administración estadounidense trabaja en otro plan, el de desencadenar un conflicto entre musulmanes sunníes y shiíes. Idriss afirmó después de esta derrota para los grupos armados que “5.000 efectivos de Hezbolá” habían participado en la operación.

La esperanza de EEUU es la de “poder obtener el apoyo de todos los componentes de la oposición para Salim Idriss”, señala el Post, que añade que cuando Washington crea que Idriss ha logrado esa fuerza entonces trabajará para derrocar a Assad e impedir, al mismo tiempo, que se repita lo que sucedió en Iraq, donde se creó un vacío político tras la caída de Saddam Hussein, lo cual provocó consecuencias nefastas para la ocupación estadounidense en ese país. El artículo concluye diciendo: “Si los norteamericanos quieren evitar la emergencia de una Siria takfiri hace falta que Idriss se convierta en un dirigente político fuerte que se gane a los corazones y mentes de los sirios.”

Cálculos erróneos

Sin embargo, la estrategia de EEUU está basada en unos cálculos que podrían resultar erróneos.


En primer lugar, los individuos a los que Washington apoyó en Iraq demostraron carecer de un apoyo popular y no hay ninguna razón para pensar que esto sería diferente en Siria. El fortalecer una figura como Idriss, que goza del apoyo abierto de EEUU, podría resultar una misión difícil o imposible, ya que el pueblo sirio ve a Idriss como una marioneta de los estadounidenses. Además, la figura de Idriss dicta mucho de ser conciliatoria, como demuestran sus ataques públicos e insultos contra los shiíes.

Por otro lado, nada indica que los grupos más extremistas vayan a quedar debilitados. Ellos tienen armas y dinero y, según enseñan los ejemplos de Afganistán y Libia, los grupos y líderes minoritarios apoyados por Washington acaban siempre perdiendo el poder en favor de grupos más radicales o que tienen referencias religiosas. A esto hay que añadir que la oposición siria está dividida en infinitos sectores y corrientes y esto también se aplica a las bandas armadas.

Cabe señalar que los cargamentos de armas enviadas por Arabia Saudí a Alepo han caído en manos no sólo del ESL, sino también del Frente al Nusra. Ambos grupos cooperan sobre el terreno y también se venden e intercambian armamento los unos con los otros. Además, Riad y Doha apoyan a grupos de ideología takfiri en la creencia de que esto servirá para neutralizar la influencia de Irán en Siria.


A esto hay que añadir que el ESL está compuesto por militantes no menos fanáticos que los del Frente al Nusra. De hecho, muchos de los crímenes atroces y ataques a símbolos religiosos que se han producido en Siria en los últimos meses no son obra de esta última organización, sino del ESL.

Por último, la utilización del sectarismo conlleva sus riesgos, principalmente la extensión del conflicto a Iraq, donde las mismas bandas que operan en Siria continúan llevando a cabo abiertamente actos de terrorismo contra los shiíes y los sunníes moderados. No cabe excluir una reacción de estos últimos contra los grupos extremistas takfiris no sólo en el propio Iraq, sino también en Siria. De este modo, Washington se está implicando en un conflicto muy peligroso contra el mundo shií y buena parte del mundo sunní que rechaza las posturas takfiris, además de contra otras minorías sirias como los alauíes o los cristianos.


Por otro lado, Rusia no está dispuesta a perder su influencia en Siria y dejar que EEUU se apodere de ese país. El ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, ha señalado ya que Moscú no piensa permitir que la Conferencia Ginebra-2 tenga un resultado determinado de antemano o suponga una “capitulación” del gobierno de Siria ante los grupos armados apoyados por Washington y sus títeres.

Hoy por hoy, Bashar al Assad continúa siendo la única fuerza capaz no sólo de mantener Siria unida, sino también de otorgarle una estabilidad y mantener un estado laico, que otorgue protección a todas las confesiones. La alternativa sería una situación de caos y desintegración, donde el poder caería en las manos de fanáticos extremistas o marionetas al servicio del imperio estadounidense y donde podría producirse un genocidio contra las minorías religiosas al que ya apuntan algunas acciones criminales llevadas a cabo por los grupos takfiris, incluyendo el ESL.

Es de esperar, pues, que Rusia, Irán y otros muchos amigos, reales y auténticos, de Siria actúen para proporcionar a los sirios más y mejores armas, que ayuden a frustrar los planes de EEUU y sus títeres árabes contra Damasco y, sobre todo, a salvar el país.

Source: Sitio de Al Manar en Español