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lunes, 11 de noviembre de 2013

Rusia amenazada por los terroristas controlados por Bandar




Por: Yusuf Fernández

Durante su reciente visita a Moscú, hace algunas semanas, el jefe del servicio de inteligencia saudí, Bandar bin Sultan, dijo al presidente ruso, Vladimir Putin, que sólo si Rusia retiraba su apoyo a Siria, se impediría a los militantes controlados por Arabia Saudí en el Cáucaso actuar durante la duración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi. Según los medios, Putin rechazó la propuesta.

“Nosotros sabemos que habéis apoyado a los grupos terroristas chechenos durante una década. Y ese apoyo, del que has hablado francamente ahora, es completamente incompatible con el objetivo común de luchar contra el terrorismo global que has mencionado”, le respondió Putin.

Existen buenas razones para que Bandar y la familia real saudí se muestren irritados contra Rusia (y últimamente contra EEUU también). Los planes de Arabia Saudí contra los shiíes y el Eje de la Resistencia en Oriente Medio se han visto socavados por las políticas rusas en Siria; Irán y otras partes. Bandar planeó derrocar a Bashar al Assad en Siria mediante un ataque estadounidense y la acción de grupos terroristas allí con el objetivo de aislar y destruir a Hezbolá y empujar a Washington a una confrontación con Teherán.

Sin embargo, Bandar no ha comprendido claramente a Rusia, Irán y Hezbolá y su determinación de apoyar a su aliado sirio y derrotar sus planes. Rusia desplegó una poderosa flota en el Este del Mediterráneo y dejó claro que estaba dispuesta a apoyar y proteger a Siria.

De este modo, Bandar podría intentar vengarse de Rusia a través de sus herramientas terroristas, como amenazó con hacer. Eso es, por supuesto, una locura, pero sus amenazas a Rusia (y ahora a EEUU) constituyen en sí mismas evidencias de su locura y estupidez, y están creando una opinión mundial de que el propio régimen saudí es un problema real para la región y el mundo.

Extremist groups and the Olympic Games

Los grupos terroristas vinculados a Arabia Saudí y otros países han estado operando en el Norte del Cáucaso durante años. Según el gran mufti de Siria, Sheij Ahmad Badreddin Hassun, que recientemente visitó la Universidad Islámica de Moscú, “existen unos 2.000 extremistas de Rusia luchando en Siria”. Él dijo que “entre los combatientes, hay algunas personas de Chechenia y Daguestán, en el Cáucaso, así como otros de Tatarstán, en el centro de Rusia”.

Según el diario libanés As Safir, que citó al director del sitio ruso Qafqaz Ozil, Gregori Chavidov, “los extremistas rusos han ganado experiencia en la guerra en Siria. Ellos han aprendido a luchar en las ciudades. Hasta ahora, los terroristas en el Cáucaso no disfrutaban de tal experiencia y cuando ellos vuelvan a casa y organicen sus filas, ciertamente representarán una gran amenaza”. Él añadió que “Sochi ha quedado seriamente expuesta a los ataques de grupos extremistas que han participado en las batallas callejeras en Siria a pesar de todas las medidas adoptadas para garantizar la seguridad durante los Juegos Olímpicos de Invierno”.

El líder de los terroristas en el Cáucaso ruso, Doku Umarov, amenazó en Julio los Juegos Políticos de Invierno, y prometió que intentaría por todos los medios impedir su realización. Umarov ha llegado a un acuerdo con el Emir Salautdin, que lidera a los militantes del Norte del Cáucaso que luchan en Siria, para que éstos últimos regresen a Rusia para luchar bajo su mando. Umarov ha proclamado un estado independiente en el Norte del Cáucaso llamado “Imarat Caucas” (El Emirato del Cáucaso). Chavidov señala que “si los militantes regresan al país, respondiendo a la llamada de Umarov, esto representaría un serio riesgo”.

Por su parte, el presidente ruso, Vladimir Putin, ha expresado su preocupación con respecto al regreso de los militantes rusos que están luchando en la actualidad contra las fuerzas sirias. Él escribió en un reciente artículo publicado en el New York Times: “No podemos sino estar preocupados por la presencia de cientos de extremistas de los países occidentales o incluso Rusia que están luchando en Siria. ¿Quién puede asegurarnos que estas personas, con su experiencia en Siria, no volverán a nuestro país? Esto representa una amenaza para todos nosotros”.

El presidente ruso hizo un llamamiento a los líderes musulmanes del país para trabajar junto con las autoridades del estado con el fin de “contrarrestar a los extremistas”. “Los movimientos radicales, que nunca han sido populares entre los musulmanes rusos, buscan debilitar nuestro estado y crear conflictos dirigidos desde el extranjero en el territorio ruso”, señaló.

Putin ha adoptado una clara política exterior que busca combatir a los grupos extremistas donde sea posible y necesario, sin ninguna preocupación con respecto a otros factores. La actual guerra civil en Siria es considerada por el presidente ruso como una continuación de su lucha en Chechenia y éste es un mensaje fácilmente comprensible por la mayoría de los rusos.

Putin ha ordenado a las agencias de inteligencia rusas incrementar sus esfuerzos en el Norte del Cáucaso y ha emitido un decreto reduciendo la libertad de movimiento y asamblea cerca de Sochi. “Pese a los obvios cambios políticos, la situación en el Norte del Cáucaso progresa demasiado lentamente,” dijo Putin. “Las amenazas terroristas y las incertidumbres con respecto a la seguridad no han sido erradicadas totalmente”.

La preocupación rusa se ha visto alimentada por el ataque terrorista que tuvo lugar el pasado 22 de Octubre en Volvogrado. Seis personas fueron muertas y 37 heridas -algunas de ellas gravemente- después de que una atacante suicida, Naida Asivalova, de Daguestán, hiciera explotar una bomba en un autobús en dicha ciudad, situada en el sur de Rusia.

Recientemente, un ciudadano ruso, Serguei Gorbunov, fue también capturado por “militantes extremistas” en Siria, que amenazaron con “matarlo” si Rusia no lo intercambiaba, a través de la Cruz Roja, por un nativo de Arabia Saudí llamado Jalid Suleiman. Él fue tomado por militantes del Yaish al Muhayirin wal Ansar (El Ejército de los Emigrantes y los Sostenedores). Este grupo está liderado por Abu Omar al Chechen e integrado por voluntarios del Cáucaso.

Por otra parte, las afirmaciones de Bandar de que Arabia Saudí controla a los grupos terroristas chechenos plantea también cuestiones sobre el atentado con bomba de Boston realizado el pasado 15 de Abril. Los hermanos Tsarnaev, que llevaron a cabo supuestamente los ataques, tenían estrechos vínculos familiares con grupos extremistas chechenos en Rusia. El hermano mayor, Tamerlan, viajó a esta región para contactar con estos grupos.

Amenazas desde Afganistán

El Cáucaso no es la única región donde los grupos extremistas están actuando contra Rusia. En un momento en el que las fuerzas de la OTAN están preparando la salida de sus tropas de Afganistán, Moscú está cada vez más preocupado por la posibilidad de que este hecho incremente la amenaza para Rusia y sus aliados en Asia Central. Esto ya ocurrió en los años ochenta, cuando la CIA y Bandar apoyaron a los muyahidines que estaban luchando contra las tropas soviéticas en Afganistán como parte de un plan más global para difundir la ideología extremista dentro de los límites de la Unión Soviética y, de este modo, crear problemas y debilitar a esta última.

Rusia anunció recientemente que reforzará su contingente militar en Tayikistán y en Kirguistán antes de la retirada estadounidense. El jefe de la agencia de inteligencia militar rusa GRU, Igor Sergun, dijo que la actual situación en Afganistán constituía “un serio desafío a la estabilidad internacional”.

Rusia mantiene algunas grandes bases militares en Asia Central y unos 7.000 soldados rusos están desplegados allí. Setecientos soldados están estacionados en Kirguistán, especialmente en la base aérea de Kant cerca de la capital, Bishkek. En Tayikistán, fuerzas rusas de la 2012 División Motorizada tienen su propia base y ambos países han comenzado negociaciones sobre el uso de la base aérea de Ayini por parte de los militares rusos también. Sin embargo, expertos de esa nacionalidad consideran que la red existentes de bases rusas no es suficiente para proteger la larga frontera de Tayikistán con Afganistán en caso de conflictos.

El gobierno de Tayikistán y de Uzbekistán han estado luchando contra el Movimiento Islámico de Uzbekistán (MIU), que está apoyado por los talibanes. Tras sufrir fuertes pérdidas en la guerra afgana, las actividades del IMU están ahora limitadas al Sur de Tayikistán, aunque existen informaciones que hablan de la presencia de este grupo en otros países del Asia Central.